Como si de un espejo se tratase, los paneles de control imitan con sus coloridos destellos, intermitentes y fugaces, el reflejo del firmamento que tienen ante sí. Los ojos que observan ambos universos, el electrónico y el real, van de uno a otro, como tratando de buscar aquello que les une y distancia. Ojos jóvenes, despiertos, que escudriñan los puntos luminosos en las pantallas y en la negrura que se abre tras la inmensa mampara. Y sobre ellos, la sombra protectora de una figura erguida, con los brazos cruzados a la espalda, relajada, pero atenta a cuanto transcurre en la sala de controles. Cualquier raza del universo ha soñado alguna vez con alcanzar las estrellas, con descubrir lo que albergan los mundos a los que iluminan y calientan… para descubrir, tarde o temprano, que los mismos horrores de los que tratan de escapar inconscientemente son aún mayores en el espacio que sueñan alcanzar.
Bip… Bip… Bip…
Los ojos de Kay se giraron en busca de la luz asociada al pitido. Una pequeña estrella amarillenta en el firmamento de color de su panel. Sus manos realizaron algunos leves movimientos sobre la consola y la pantalla pareció responder a los mismos.
- Señor, es una señal de socorro, débil, pero estable.- El Teniente Tiel ya se había dispuesto tras el joven en cuanto había escuchado el pitido y seguía las maniobras del ingeniero con aparente tranquilidad y confianza.
- ¿Es nuestra?
- Un momento señor. La señal es débil, como le digo, y aún no he podido ver código alguno… – respondió Kay sin quitar la vista de las luces.
– Sí, parece que sí.
- Es una señal de socorro de una baliza colonial, señor.- se atrevió a decir la joven Irina, justo un puesto a la izquierda de Kay.- La piel morena de la chica se iluminaba con cada destello de los paneles, haciéndola más semejante a su compañero.
- ¿La han localizado?
- No, señor.- respondió Kay.
- Comprueben entonces el código asociado a la misma. Asegurémonos primero de que sea nuestra.
Kay giró levemente la cabeza, quizás a punto de realizar alguna pregunta o comentario, pero sus labios no se despegaron y sus ojos volvieron a perderse en la inmensidad de su firmamento lumínico. Los jóvenes ingenieros parecían luchar contra el tiempo, desplazando sus dedos a velocidades vertiginosas por la consola. Las luces brillaban como soles, pequeños astros que en milésimas de segundo nacían, crecían y morían junto a los mundos que alimentaban.
- Confirmado el código, señor. La señal procede de una baliza colonial, tal y como ha dicho la ingeniero Irina… pero…
- ¿Sí?
- Zona de guerra, señor.- se adelantó Irina.- La señal procede del sistema Miliano. Parte de la flota está allí desplazada tratando de…
- Conozco la situación de la flota, ingeniero.- Tiel se giró buscando algo a sus espaldas.- Contacto colonial en el sistema Miliano.- dijo clavando sus ojos en un joven que ocupaba otra consola de la sala.
- Inmediatamente, señor.- respondió el joven hundiendo la vista en su pantalla.
- ¿Algún mensaje asociado a la señal, ingenieros?.- prosiguió Tiel volviéndose hacia los jóvenes.
- Parece que sí, señor…. un momento…. código 2, señor.- concluyó Kay al mismo tiempo que dejaba de mover sus manos.
La actividad que los ingenieros habían demostrado hasta ese momento cesó de forma inesperada, pareciendo que ninguno de los dos supiera cómo continuar. Mientras, Tiel parecía tener la mirada perdida en las estrellas, más allá de la mampara.
- Grábelo.- ordenó el Teniente.
- Podría tratarse de una intrusión, señor.- se atrevió a aventurar Irina.
Tiel volvió la vista hacia la joven.
- No lo creo, ingeniero. Ni esos horrores harían algo así sólo para atraer y dar caza a un simple grupo de rescate planetario.- Tiel parecía esconder algo tras la fulminante respuesta.
Kay alargó hacia la mano del Teninte un diminuto y alargado filamento.
- Código 2. Nuestros superiores decidirán. La salvación de quienes hayan emitido este mensaje está en sus manos y en el contenido del mismo.- concluyó Tiel alargando la mano y tomando el filamento entre sus dedos.
2009 © José C. Quintano















